martes 8 de enero de 2008

El tamaño del sin querer


-Tengo que decirte unas cuantas cosas de ella. Me enamoré de ella durante cuatro años, aunque más bien creo que a los dos días ya suspiraba por sus huesos. Dudo que me quisiera de la misma manera, loca y formal, que la quería, y me extrañaría que durante cuatro años, sus labios fueran solamente míos. Sí,es cierto, me quiso, no mucho, pero lo hizo. Y lo hizo como nunca otra mujer me ha querido. Pero es demasiado valiosa para alguien como yo, para alguien como tú. Porque no podemos hacerla feliz todo el tiempo, cada segundo, durante cada aliento, porque te consumes por ella, porque mueres de amor. Nadie puede quererla tanto, porque ella no se conforma con cualquiera, aunque a ti te parezca que sí. Piensas que cada hombre anterior a ti, ha sido cruel y no la ha tratado como merecía, crees que tú podrás, que tu amor vencerá cualquier obstáculo, cuando en realidad el único impedimento que encontrarás será ella misma. Nada de eso te importa ahora, ni te importará entonces, porque te embruja con su mirada, con sus dulces besos repartidos por lugares insospechados de tu cuerpo, porque nadie te hará estar más tiempo en el cielo, que ella. Después de tanto tiempo, creo que no llora, aunque supongo que a estas alturas ya lo sabrás. Me pregunto qué te habrá dicho o qué te ha empezado a ocultar. ¿Sabes cuál es su verdadero nombre? ¿Sabes que no se llama Amanda?¿Sabes que tampoco se llama Lucía, ni Adela, ni Merecedes?

No existe nombre alguno que la defina o que la quiera, aunque yo más bien, creo que las únicas letras que lleva tatuadas en el alma son Miedo. Y por eso se irá sin que te des cuenta y volverá cuando te eche en falta, porque siempre lo hace, porque creo, que de todos los que han pasado por sus vidas, a ti es al que más va a echar de menos. Y espero que no vuelva a tus brazos a por un poco de amor disfrazado de sexo. Cuando lo haga, agárrala por su majestuosa cintura y no la sueltes hasta que llore entre tus brazos, hasta que de pronto, te des cuenta que es una niña, con miedo, con ansia de quererte de una forma irracional y desbocada, aunque te quiera. No la sueltes, no la pierdas, porque he visto como te mira, he observado detenidamente las muecas de su cara y las arrugas  de amor que se le forman en las mejillas cuando a dos metros de tu boca, sonríe y ella misma se pregunta de qué dimensiones será todo lo que por ti siente.

-¿Por qué me dices esto?

-Porque yo la quiero, aunque le diga cada noche que la odio, aunque no le mande cartas los domingos por las mañanas, ni le susurre al viento las buenas noches. Por todo ello que yo no hago y que tú vas a hacer. Porque la quiero de una forma desmesurada y ella lo sabe, y yo lo sé y ahora tú mismo te has enterado. Porque no quiero formar parte de nada en su vida, porque ella da rumbo a la mía. Te digo todo eso, para que dentro de cuatro años, cuando aún la quieras y despiertes cada mañana, esté a tu lado. Porque tendrá miedo, porque conocerá a otras personas que le harán ver que todo esto es maravilloso, porque tú querrás abandonarla cuando menos la necesites pero al hacerlo te darás cuenta de que ella es todo cuanto realmente necesitas. Ni aire, ni leches, lo que necesitas de verdad es a ella. Porque quiero que sea feliz y he visto como diablos te mira y te juro que a mí nunca me miró así. Ella sabe que te quiere de ese querer que no entiende de miradas ni raíces. Ella sabe que lo que ahora siente es puro, impoluto, perfecto. Está segura de que tú sientes algo parecido, y me juego el cuello de que tiene miedo de que, realmente no la quieras.

-Pero la quiero.

-Pero tu amor sí que entiende de límites. El suyo es tan grande como este maldito universo.