viernes 11 de enero de 2008

Los cuentos que te cuento los martes

¿Cuántos cuentos quieres que te cuente antes de que te vayas a dormir? Puedo adornarte la vida con un poco más de ilusión y un puñado menos de dureza, porque a veces es un poco perra contigo. Aunque como siempre me dices, recolectas lo que siembras. Nunca se te dieron bien los refranes, ni las personas, por eso eres especial para un conjunto indudable de gente, y esas personas, supongo y sin suponer, que son las que valen realmente la pena. Quizás no para mí, que te escribo estas líneas desde un ordenador que no es mío pero que me encantaría que lo fuera, pero sí para ti. Esas personas de las que te hablo, o más bien, te escribo. Es tarde para ser mañana y demasiado pronto para ser tarde, pero tú estarás durmiendo, porque en tus sueños nadie te hace daño, o eso es lo que siempre me intentas contar cuando no te oigo porque estoy absorta en mis propios pensamientos, en mis miedos, como siempre. 

Un día me dijiste que habías leído que escribir era jugar a ser Dios, era crear mundos donde tú nunca podrías vivir, y tú me susurrate: En realidad es donde realmente deseas estar. Tenías toda la razón del mundo, tú y el hombre singular, pero maravilloso, que deslizó sobre tu vida, esas sabias palabras. Me preguntas muchas veces si es posible seguir en pie cuando las cosas se derrumban, cuando estás atada a ellas y empiezas a descender por el pozo de la tristeza. Siempre te contesto que tú y yo, no moriremos de pena, que si no llegamos a viejas habrá sido porque hemos muerto de amor, pero no por tener la cara sin sonrisa, porque el dolor te desvalija el alma y el amor te la llena. En todo momento, esté contigo y esté con otra, el amor es lo que siempre nos completa.

Aunque me digas que no lo necesitas, cuando un martes cualquiera, una persona común, pero distinta, aparezca y te diga que se sienta a tu lado porque no quiere verte sola. Cuando tus lágrimas se conviertan en palabras y las caricias en simples bocanadas de frío, entonces sabrás que has encontrado a alguien, que de una forma u otra, te completa lo que tienes más vacío, el corazón o en su defecto, el alma. Descubrirás que tres centímetros pueden convertirse en un infierno cuando tus labios estén relativamente lejos de los suyos. Sabrás qué significan las mariposas en el estómago y adivinarás el por qué de todo aquello por lo que los poetas más significativos de todos los tiempos han escrito tantísimos versos. 

¿Aún quieres otro cuento? ¿O prefieres que te baje de las nubes en las que últimamente nos encontramos, para poder ver un poco más clara la realidad?

Eres singular y eso es un don, pequeña.