martes 18 de marzo de 2008

Aprender a decir...



-Se te ha roto la cazuela.
-Un imprevisto en la comida.
-¿Estás así porque no escribes nada?
-Estoy así porque he gastado las ganas de luchar contra el mundo.
-¿Quieres un poco de las mías?
-No, gracias.
-¿Crees que me dejará?
-Estoy sentada frente a un ordenador en blanco. Lo último en lo que pienso es, cómo te va a ti con ella. ¿Te puedo preguntar una cosa?
-Dime.
-¿Por qué la dejaste?
-Porque Amanda es de ese tipo de chicas que no deja que las quieras, aunque es fácil hacerlo.
-Es cierto, se le coge cariño muy fácilmente.
-Cuando la conocí, antes de despedirnos me dijo "No te enamores de mí" y yo me reí. Con el tiempo descubres que esas palabras no salían del alcohol de su cuerpo, si no de su concienciada cabezota.
-Pero ella, finalmente te quiso.
-Ya, pero no me di cuenta.
-Cuando tenía 19 años escribía sobre amores que llegaban tarde, chicos que no te querían, cartas que nunca llegaban, poesías sin rima.
-¿Y ahora?
-Sólo he escrito "Para poder decir yo te quiero, primero hay que aprender a decir yo"
-Es un buen comienzo.
-Sí, pero ni siquiera es mío.
-Bueno...Por algo se empieza...¿Te puedo preguntar una cosa?
-Sí, claro.
-¿Has aprendido?
-Sé decir las tres.
-¡Qué suerte!
-Es que a mí me tocó el amor con 18 años y desde entonces, lo llevo justo aquí, donde las balas no llegan, las mentiras se desmigajan, y la distancia no existe.
-¿Dónde?
-En el corazón.
-No es mal sitio.
-No, nunca se pierde.
-Buenas noches, te dejo con tus palabras.
-Buenas noches, vuelve con ella a la cama.


Ahora te pregunto...¿Cuántas sabes decir tú?

1 estrellas fugaces:

Credendo vides dijo...

Buscando una de las frases que has utilizado, me ha salido tu blog y me ha encantado el diálogo. Pasaré más a menudo, con tiempo, lo leeré entero. Es mi forma de hacerlo con los blogs que me gustan.
Saludos desde el Inframundo.