
-¿Qué tal te va con Santiago?
-Ya no estamos juntos.
-¿Qué ha pasado Amanda?
-Teníamos distintos puntos de vista sobre el amor.
-¿Qué demonios significa eso? ¿Miedo al compromiso? ¿Él quería más? ¿O esta vez eras tú la que ansiaba tener algo eterno?
-No tiene otro significado más que el suyo propio. Distintos puntos de vista acerca del amor. Por ejemplo, ¿recuerdas a Ignacio?
-¿El de los zapatos rojos?
-No, el del abrigo a cuadros.
-¡Ah! Vale, ahora sé quién es. ¿Qué pasa con ese?
-A mi amor con Santiago le ocurre lo mismo que a nuestro punto de vista sobre aquel
abrigo.Tú lo veías feo, viejo, roto, en cambio, yo me fijé en él por ese
trozo de tela. Por la originalidad, por las historias que guardaba,por todo lo que escondía.
-¿Por eso lo dejaste en verano?
-Quizás, sin el abrigo no tenía gracia.
-Sigo sin entender lo de Santiago.
-Da lo mismo. Simplemente el quería chocolate cuando yo deseaba la nata. Él era cemento y yo terciopelo, él era el aire y yo el agua. El universo y la nada, una eternidad y un instante. Pero toda esta distancia, esta diferencia, no es la excusa que necesitamos para permanecer el uno sin el otro. En realidad me engañó con alguien.
-¿Con quién?
-Con él mismo.
-Sigo sin entender nada de nada.
-No importa. La única verdad es que ambos somos soñadores empedernidos y nadie podrá palpar el vínculo que nos une. Exclusivamente él y yo. El amor no estaba hecho para nosotros.
-¿Qué está hecho para ti Amanda?
-Las pequeñas cosas que me hacen sonreír. La harina entre mis manos, el azúcar del café, el sabor de la nata entre mis dientes, la brisa del mar al volver a casa, el tequila por mi piel, la adrenalina por mis venas.
-¿Qué hará ahora?
-Quedarme aquí, justo aquí, dónde él me dejó, esperando a que vuelva para darle el mayor abrazo que halla recibido.
-Te deseo suerte.
-La suerte es para los perdedores y yo, te juro, que no lo he perdido.


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