
Es tarde para decir lo siento y demasiado pronto para nuevas oportunidades. Tu mirada está perdida y hace tiempo que no sabes muy bien donde te encuentras. Eres agonía y sufrimiento y a la vez agua y vida.
No conozco una vida tan real sin ti, y tengo miedo de empezar a tenerla contigo. He escrito unas palabras. No son ni bellas ni adecuadas, pero es difícil decir adiós para siempre. A ti, que tanto me diste, a ti que siempre me quisiste.
La tristeza y la soledad es el camino paralelo por el que paseamos cada mañana. Unos más cerca, otro más lejos y hay quienes nunca se salen de él. Tú nunca lo pisaste, ni siquiera en los últimos tiempos, cuando los años te convierten en alguien ejemplar y la sabiduría empieza a desprenderse de ti como la arena de tu toalla mojada.
No tienes alma, no tienes nada, pero me tienes a mí y a mis palabras. Todas ellas para ti, por todo y por nada, por la ausencia que ahora nos dejas y la alegría de no haberte ido en aquel momento, haber luchado, haber seguido, porque con orgullo puedo decir que siempre rondarás por mi vida.
Aunque te hallas ido, aunque ahora solo seas un leve susurro del viento, fuiste el mejor de los huracanes que pasaron por mi cabeza, por mi vida, por mi piel.
Aún noto tus últimos versos, tus últimos recuerdos, tu mano agarrando la mía. Aún puedo sentirte y eso es lo que más me llena.







