
"Después de unos días de vacío interior, y rompecabezas internos que nunca logramos estabilizar, me dispongo a seguir tirándome de cabeza aunque existan más posibilidades de fracaso que de victoria.
Desde fuera pensarás que no es tan complicado y desde aquí te digo que es desgarrador y (casi casi) imposible, pero a veces los corazones rotos y doloridos, tanto física, como psicológicamente, pueden sobre todas las cosas malas que nos ocurren. A veces, incluso me agarro a la esperanza de que esa posibilidad siga en pie. Necesito que al menos exista, y lo hace, pero aún no sé, en qué medida.
Tengo muy asumido que tendré días malos y días horribles. En ellos sonreiré a menudo y en otros no tanto, o quizás ni un poco, pero avanzaremos. Porque es lo que nos toca y no podemos destrozarnos más por dentro, porque si no, nunca seguiremos siendo los mismos. Y eso no nos lo merecemos. A veces me duele tanto que no puedo ni respirar. Nadie me dijo que enamorarse fuera así ¿sabes? Pero después de todo, nos quedan demasiadas cosas buenas, que las lágrimas no consiguen borrar. Olvidamos lo que necesitamos recordar y recordamos aquello que queremos olvidar. Es algo que tienes que aprender, porque si no, te dará un vuelvo la vida, tan grande tan grande que incluso pensarás que todo va a cámara lenta. Pero no es así. Nunca, o mejor dicho, casi nunca es así.
Sé que si por ti fuera, las cosas serían completamente distintas, bueno o quizás no tanto. La verdad es que no lo sé. No puedes venir a mí y preguntarme en qué momento alguien empieza a olvidar, porque eso yo aún no lo he conseguido averiguar. Y a los desgarros del corazón sólo hay una solución, y esa nadie la sabe, así que con paciencia, con la cabeza alta y un puñado de recuerdos que te hagan sonreír, es con lo que se sigue. Porque se sigue, y no te voy a decir que nadie se muera de amor, pero a veces hay quienes sí que se mueren por el amor..."
Y le creó a su amiga, la más grande de las sonrisas.










