domingo 31 de agosto de 2008

Ser el último día de la semana...




Ser domingo es ser resaca. Dulces gotas de agua resvalando por tu boca, olores de desamor en tu ropa y heridas que todavía, empiezan a germinar. Es melancolía, menos horas al día, más familia y menos amor inesperado. Ser domingo es ser cinéfilo, son los reencuentros, los paseos, los mercadillos de antigüedades, los cafés sin sal con extra de azúcar. Es hacer los deberes cuando estás en el colegio, retrasar el reloj si estás en la universidad. Es respirar la libertad de un fin de semana sea cual sea tu estado profesional. Es creer en las nuevas oportunidades, agarrarte a las esperanzas, recolectar las fuerzas sembradas. Ser domingo a finales de agosto y principios de septiembre es ser apuntes con ansiados aprobados. En otra época del año, es levantarse del sofá para acostarse en la cama.Es notar las ausencias, leer lo perdido, buscar lo escondido. Ser domingo es felicidad, es el final de una etapa, son los días sin ti. Son los puzzles incompletos que colecciono en el salón, son los mensajes de "mejor quedamos mañana que hoy estoy (terriblemente) cansado". Son los días que te dedicas a ti mismo, que huyes de todo lo mencionado anteriormente. Los domingos son melancolías de desamor, orgullo de enamorado, nuevas esperanzas para el que espera, abandonos para los impacientes, despedidas para los que se van, abrazos (y tal vez besos) para los que vienen. Son días en los que desayunas a cualquier hora, donde los despertadores nos existen, el tiempo pasa suavemente sin que a penas te des cuenta. Son días esperados, incluso para los que no saben esperar.

sábado 30 de agosto de 2008

Si juegas a ser poeta...



Si me lees poesía un domingo al acostarme, quiero que sean pares el número de sílabas por verso y acorde con la música que lleves dentro. Que el sol nazca por encima de la luna y ésta se haga infinita por siempre jamás. Sin más luz que la que da una vela y sin más calor que el que dan los besos. Sólo te pido eso. Y que tus poemas dejen en mis labios el sabor de la canela.

lunes 25 de agosto de 2008

Si algún día...




Si algún día encuentras este lugar, si descubres que después seguí escribiéndote las cosas que nunca te dije, si en algún momento te preguntas si mi destinatario imaginario eres tú, la respuesta es, quizás, tal vez.
A veces pienso en ti cuando escribo - la mayoría de la veces pero no siempre- sin embargo otras me limito a querer de nuevo a gente que ya quise, a escribir lo que otros me cuentan o simplemente inmortalizo mis recuerdos por si algún día...
Por si algún día encuentras esto, así de casualidad y me lees a escondidas, entres los visillos que te compré y nunca pusimos porque odiaba tener intimidad entre las paredes de aquella habitación que visitaba cada noche entre tus sueños-aún sigo haciéndolo-. Porque formo parte de alguna de las sonrisas que te pillan por sorpresa, porque aunque tu vida y la mía forman dimensiones distintas, cuando cierro los ojos sigues apareciendo en cada uno de mis sueños y en ciertas ocasiones en mis peores deseos.
Si algún día encuentras que mis versos juguetearon con los tuyos las madrugadas de invierno, si en algún instante de todo el tiempo que necesitarás para leerte esto, sientes que no te dije todo esto, si por un momento-aunque serán millones de ellos-pienses en mí entre cada una de estas letras, tengo que decirte que lo siento, de verdad y con todo mi corazón. Porque aún me cuesta respirar sin contener la respiración pausada e inestable cuando escribo para ti. 3239 palabras no son suficientes para expresar todo lo que no te dije en su momento, porque si de algo me arrepiento es de eso, aunque no tengas la menor idea de qué hablo.
Necesito que me perdones. Necesito pedir un deseo. Necesito no necesitarte entre los textos de mi vida. Necesito, ansío, deseo no sentir este nudo en mi corazón.
Lo negaré de por vida. Pero he empezado a des-quererte. Perdóname.


lunes 18 de agosto de 2008

El señor de la esquina




El vecino de la esquina cada vez que me ve me dice en gallego "Niña de los ojos tristes". Esta mañana que me he levantado más enérgica que nunca, me he vuelto y después de 57 veces que ese hombre ha pronunciado esas palabras, le dije "Hoy me brillan, póngase las gafas" a lo que él contestó "¿Te quiso nenita?"

Sabe, sí, me quiso. Me quiso con esa locura y pasión que pocas veces se quisieron, pero supongo que por distintos motivos lo hicimos a destiempo y mi miedo a los compromisos eternos me impidieron decírselo en su momento. Sabe, no, no tengo los ojos tristes. Usted debería haberme visto hace tiempo, entonces sí, estaba triste y llovía en mi cuidad todos los días. Todos y cada uno de ellos, caían chuzos de punta que se clavaban en mí como cada una de aquellas palabras. Entonces sí, claro que sí, gríteme cada minuto "Nenita de los ojos tristes" en todos los idiomas que usted quiera, sepa o existan. Pero ahora, ahora no me puede decir eso ¿sabe? Porque intento ser fuerte, seguir adelante y mirarme lo menos posible al espejo. Procuro cuidar lo que tengo, porque aunque me falte algo enorme no se imagina lo que he ganado en amistad con otras personas. Me quedaría aquí más tiempo porque es más sencillo, o quizás si no fuese imposible me haría escritora, publicaría esa historia y se la enviaría. ¿Se imagina? ¿Qué cara se pone cuando una historia se hace eterna? ¿Qué se siente cuando las palabras nunca se borran?
Intento ser fuerte, de veras, lo soy, a mi manera. Señor, deje de decirme que tengo los ojos tristes porque si usted hubiera visto mi corazón, se quedaría sorprendido de los encogido que se quedó. Creo en las señales ¿sabe? Y usted es la más indiscreta de todas, ¿qué pretende? Por favor, quédese afónico hasta que vuelva, porque quiero seguir ese camino sin que usted me recuerde cada día que hace tiempo que mis ojos dejaron de ser miel para convertirse en color hierba.



"Sabes, cuando lloro se me ponen unos ojos verdes preciosos"




domingo 17 de agosto de 2008

Los desayunos sin ti





Me levanté intentando ponerte una voz que no tenías. De nuevo he vuelto a olvidarla. Soy buena, excelente quizás, recordando números. Dime una sola vez el tuyo y lo recordaré eternamente. Por esa razón supongo que siempre los marco y nunca los busco. Me levanté y como cada mañana fui a la cocina. Leche, nueces, tostadas, bizcocho, zumos de todo tipo, manzana, mandarina, naranja, plátano, sí, sí lo que lees, plátano. Es curioso ¿verdad? ¿Quién inventaría el zumo de plátano? ¿Desde cuándo el plátano es zumo?
Odio el café frío. No lo puedo tragar, ni oler, ni siquiera puedo cogerlo. Se resbala de mis manos, como si una fuerza sobrenatural impidiera que mis labios notasen la frialdad que contiene dicha taza, o tazón o vaso, según mi estado de ánimo es una cosa u otra. Queda claro ¿no? No puedo con el café frío, y mira que lo he intentado veces, pero no, no puedo. Lo siento.
Ese día se me quemaron 4 tostadas, mis calcetines preferidos, esos que mi madre en su día me marcó con mi nombre y que todo el mundo sonríe al verlos. Esos mismo, los amarillos como la caja que mi madre le regaló por su aniversario a mi padre para meter todas las fotos que tenían juntos, y siempre está vacía. De ese mismo color. Amarillo-caja-recuerdos-sin-ellos.
Hasta el momento tenemos una cabeza que no recuerda tu voz, incapacidad para tomar el café frío, unos calcetines ahujereados, un zumo de plátano extravagante, y 4 tostadas negras carbón. Es curioso si a carbón le cambias la r de sitio, tenemos una palabra que definiría a mucha gente en distintas situaciones. Después de sonreír por dicho juego léxico, me dispongo a mirar por el ventanal, las dulces vistas que he conseguido. Por arte de magia, y suerte o quizás más bien por un golpe del destino. Lo cierto es que no me queda muy claro como llegamos hasta aquí. Miro y miro y me asombro de que no pasees por mi cabeza de nubes. ¿Qué estará pasando? ¿Vamos a tener una caja azul-mar dónde no-guardaremos nuestros recuerdos? ¿Pero qué recuerdos? En ese momento cuándo me digo a mi misma, qué recuerdos, exactamente en ese instante, la culpabilidad se apodera de mí. Ves, por cosas como estas no me gusta madurar. Saber que lo que hicimos no fue lo correcto, que aquella historia, cada día estoy más segura de que cuando la ponga toda ella por escrito será un buen libro, y sí te lo dedicaré a ti y la primera y la última palabra será la misma: Perdóname.
Que aquella historia podría haber sido mejor de lo que fue. ¿Mejor? ¿Qué demonios digo? No, mejor no puede ser. Mejor que aquello no. Empiezo a pensar en las decisiones que estoy tomando. Últimamente, debido a que me he quedado en cama más de lo previsto, pues soy un buen lugar para que habiten los virus, he pensado en todo esto.
Se me olvidó preguntarte cuál era tu película favorita, qué sabor de chicle prefieres, cuántos hermanos te hubiera gustado tener. Nunca se me pasó por la cabeza lanzarte por la cabeza qué harías sin mí. ¿Qué se hace sin una persona? Algunos dicen, afirman, corroboran que lo mejor es seguir, dejar a un lado todo tipo de contacto y continuar. A esta teoría le pego yo un par de patadas, porque sabes qué pasa, que un día abres una puerta, giras la cabeza y ahí está y es una gran putada si no has continuado demasiado y si de vez en cuando piensas en esa persona, por momentos veloces de tiempo. Otros sostienen qué lo único que hay que hacer es hablarlo. Pienso que las cosas que se cuentan dejan de ser eternas, que nadie puede sentir, ni por asomo, la magia de ese momento. Así que tenemos una incapacidad para tomar café frío, una caja de nos recuerdos amarilla, otra de culpabilidad azul-cielo, dos teorías erróneas de cómo dejar que la gente salga de nuestras vidas, unos calcetines con el talón al aire, una voz irreconocible, unos virus estancados en mi memoria, un futuro libro que llegará a tus manos cuando ni siquiera recuerdes mi nombre y te hará darte cuenta de lo tontos que fuimos. Tenemos eso y más. Mucho más, siempre se tiene más. Muchas veces, pocas cosas son suficientes y nada es demasiado.
Tenemos eso y mucho más, pero es tarde, el café se enfría, las tostadas se queman y tú no das brincos por mi alocada cabeza. ¿Me echarías de menos si un día yo no estuviera, si me quedase aquí a 1.000 kilómetros de ti?

jueves 14 de agosto de 2008

¿Dónde escondes tu mirada?




Decirte que cuando me acerco a ti vuelvo a ser la misma de siempre es complicado, porque durante mucho tiempo he querido dejar de ser quien era para ser alguien mejor.
Yo, fiel enamorada del amor, poca veces pude sentirlo en todo su esplendor, o creí hacerlo, para más tarde darme cuenta de que quizás no era como yo misma esperaba, pensaba o quería creer. Queremos a unas personas más que a otras y no hay explicación. ¡Qué le den a las teorías científicas que dicen que el amor o enamoramiento dura 18 meses! Tiro esos estudios a la papelera, después de arrugarlos y romperlos en mil pedazos. El amor dura para toda una vida y quien quiera creer lo contrario no merece enamorarse. Hay quien dice que se tiene suerte si te enamoras de verdad dos veces en la vida, que si ya es complicado una, dos es algo excepcional. Y yo te miro aunque no estés y me pregunto si es posible que esa persona de la que te enamoras no se enamore de ti.
Entonces vuelvo a mi mundo y me doy cuenta de que sí, de que cada vez que me acerco a ti, soy la misma que he sido durante todo este tiempo y me da rabia, me duele por dentro y ¿sabes por qué? Porque te haré daño y no quiero, porque necesito encontrarme, aunque ya lo he hecho, y saber qué es lo que quiero, porque te juro que lo sabía, que estaba segura, pero como siempre pasa entre ambos, desmoronamos la vida del otro, y entonces las dudas empiezas a crecer. Yo tengo claro que es lo que no quiero, a quién quiero y a quién no quiero en mi vida. Por eso supongo que tenías razón cuando me mirabas y me decías que no estaba aquí, que mi mente se mueve en todas las direcciones posibles, menos en la que debería.
Pero...¿Cuál es la correcta? ¿Sabes cuál? La que yo elija. Mi madre me mira y me pregunta porque pierdo la mirada en el mar, o por qué sonrío al escuchar ciertas canciones, o por qué razón olvido mi móvil en cualquier esquina. Sólo hay una respuesta. Ella la sabe. Yo lo sé, y tú también.

jueves 7 de agosto de 2008

El viaje de tu pequeña vida...




Un guionista de una película que no recuerdo escribió:

"Las personas, cuando están solas, se vuelven frágiles. Seguro que tú esto no lo entiendes. Yo nunca había estado tan sola en toda mi vida. Y es muy duro. Por eso quiero algo claro entre los dos. Algo que, aunque esté lejos, me dé la certeza de que indudablemente estoy atada a ti."

Y aunque durante un gran período de tiempo esas líneas fueron mis palabras, la verdad es que ahora ya no tienen nada ligado a mí, porque ya no necesito una certeza que me vincule a ti. De por sí, en ningún momento existió distancia lejana entre los dos. No hablo de la física, me dispongo que mencionar esa distancia que une a las personas aunque existan los océanos. Hablo de ese sentimiento que te lleva a cometer las más dulces locuras en los años locos de tu vida, porque sí, tengo miedo, estoy aterrada, pero eso es bueno, porque tenerlo significa que hay algo que puedo perder, y sabes qué...Yo no estoy dispuesta a perderte...Y menos ahora que empiezo a tenerte, así que agarra tu maleta azul eléctrico, embárcate en ese tren y ven directo a mis labios, porque en la parada de mi corazón hace demasiado tiempo que dejaste huella.