domingo 12 de julio de 2009

Algo llamado magia




La magia que encierran los recuerdos ayuda a sobrellevar todo tipo de situaciones.
Cuando me desperté después de la operación tenía la sensación de que me había quedado dormida en tu cama, me levantaría y estarías en la cocina comiendo ensaladilla rusa. A lo que me fui a mover, no podía . Mientras miraba a aquella sonriente enfermera su suave voz valvuceaba: "Piensa en alguien, en algo bonito que hayáis pasado, y todo irá bien"
Desde entonces, cuando los dolores se apoderan de mi diminuto cuerpo, cierro los ojos y recuerdo las tardes de verano junto a ti, las meriendas a las 6 de los viernes, las mañanas de invierno a las nueve menos diez, la primera vez que me acompañaste al coche, la segunda que me cocinaste. Recuerdo lo que pensé cuando te vi con un paraguas abierto para mí, debajo de "Facultad de ciencias", cuando entré en aquel bar y me hice la despistada, y de repente apareciste en la barra, junto a mí.
Cuando pienso en todo ello, vuelvo a cerrar los ojos, agarro con fuerza las sábanas y me duermo junto a la magia de tus recuerdos, de nuestros recuerdos. Me duermo sonriendo y sintiéndote aquí, junto a mí.

Gracias

miércoles 8 de julio de 2009

O, mi querida O

Esta es la historia de O


O es la sensualidad en carne y hueso, sin embargo, a su vez, es el miedo hecho persona. O está enamorada de L, quien lo estuvo de ella. Hace un par de semanas, L recibió una carta que decía:

"Querido L:
Rafa me contó que finalmente ya eres cocinero, ¡cuánto me alegro! Te escribo porque perdí el teléfono y quería darte la enhorabuena. Seguramente estés de viaje. Sofía finalmente se casa con Pablo, por si al muy granuja se le ha olvidado contártelo. Espero que todo te vaya bien. Recuerdos a la familia.
Un abrazo. O. "

En la papelera de O. descansa la verdadera carta:

"Querido L:
El otro día, sin quererlo, de nuevo, apareciste en mi vida, como un huracán. Me encontré a Rafa y me dijo que al fin eres cocinero. Conseguiste tu sueño. Pensé en todas aquellas comidas en tu casa, que acaban siendo cenas y desayunos. ¿Lo recuerdas? Cuando nada más nos importaba. Sólo tú y yo.
Sé que te extrañará recibir esta carta, nunca se me dio demasiado bien escribir, pero tú eres de los pocos que saben entender mi letra. En realidad no es por la letra, si no porque no tengo otra forma de comunicarme contigo. Borré tu número de teléfono, en realidad, borré todo lo que tenía que ver algo contigo, ilusa de mí, pensé que así, quizás también te quitaría de mi vida. Y de nuevo, me equivoqué.
No sé cuándo leerás esto. Rafa me contó, o chivó, o quizás me lo dijo que para me doliera ahora y no después, que estás en Grecia, con una amiga. Tranquilo, me tragué el corazón, únicamente le sonreí y le contesté algo así como "Ahora que es cocinero, explorará otras gastronomías" y nos reímos. Y sí, yo lo hice con esa risa floja y algo desquiciante que tengo cuando en realidad no quiero reír.
Después de ver a Rafa, me encontré con Pablo, el cual me empezó a preguntar por ti, al cabo de unos minutos se dio cuenta de que quizás los monosílabos significaban algo más, así que para rematar me dijo lo de Sofía. Se casan. ¿Recuerdas cuando ambos juraban que lo suyo era pasajero y tú y yo apostábamos a ver cuándo se casaban? Creo que has debido de ganar tú. Las apuestas estaban en el bote de colacao que estaba encima de la nevera, si lo sigues teniendo, ya me dirás quién ha ganado, tengo curiosidad, aunque más bien podrías decirme que me quieres, eso me gustaría aún más.
Te echo de menos ¿sabes? Durante varios momentos al día. He retomado mis clases de baile, es lo único que me hace sentir ligera, libre, yo. Te quiero, aunque ya no estés, aunque ahora todo sea distinto. Te quiere tu O"

Sentadas en aquel bar, tomando lo mismo de siempre, O me contó todo dejando a un lado la sensualidad, adquiriendo un poco de mi melancolía. Todo cuanto le dije queda reflejado en un trozo de papel:



Me gustaría que sólo por un día, cada uno dijéramos exactamente lo que queríamos decir.